Estefanía Martel explica la neurodivergencia como una forma distinta de funcionar a nivel cerebral, emocional y sensorial.
Cuenta que durante años fue una niña demasiado sensible, brillante y agotada, hasta recibir un diagnóstico tardío a los 34 que le cambió la vida.
Defiende que muchas personas neurodivergentes viven camufladas: parecen funcionales, pero pagan un precio enorme en agotamiento, problemas físicos y colapso emocional.
Habla del TDAH (trastorno por déficit de atención e hiperactividad) desde una mirada neuroafirmativa: no falta atención, sobra estímulo, y muchas crisis vienen de intentar adaptarse a un entorno ruidoso y estresante que no pueden soportar.
También pone el foco en las señales a veces invisibles, sobre todo en niñas: sensibilidad extrema, rigidez, cansancio, literalidad, hiperexigencia y necesidad constante de aislarse para recuperarse.
Desde su experiencia y como psicóloga, hoy acompaña a adultos neurodivergentes en “La Madriguera”, ayudándoles a entenderse, dejar de sentirse defectuosos y construir una vida más amable con quienes realmente son.
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