Rafa Martínez perdió a su hija Isabel: sufría anorexia nerviosa y se quitó la vida con 16 años.
Pero no la perdió por esas razones, sino por no haber sido atendida correctamente.
Él denuncia que muchos profesionales minimizaron el sufrimiento de su hija como “cosas de la adolescencia” mientras aumentaban la medicación psiquiátrica, sin activar protocolos de riesgo suicida pese a las señales muy claras de alarma.
Nos ayuda a ver que Isabel no es un fenómeno aislado, una niña con dificultades. No, hay muchos más elementos sociales detrás del sufrimiento emocional de miles de adolescentes.
Rafa se ha vuelto activista y denuncia las carencias del sistema de salud mental. Ayudar a otras familias es su manera de mantener viva la memoria de su hija. Ahora es capaz de luchar por unos derechos que en su día por la culpa de ser “mal padre” no consiguió defender.




