Bárbara lleva veinte años sosteniendo una familia con un profundo sufrimiento psíquico: una hermana con crisis psicóticas y un hermano que acabó suicidándose tras años de adicciones.
Describe hospitales que parecen cárceles, profesionales que tratan a los pacientes como si dejaran de ser personas y un sistema que abandona a las familias.
Aun así, Bárbara no se rinde: ha creado un método de alertas con su hermana, la ayuda a frenar crisis, la mantiene conectada a la realidad y celebra que lleva un año estable.
Habla sin vergüenza de suicidio y locura, porque el silencio ignora y aísla. Ha aprendido a perder el miedo: las crisis son temporales. Y a trabajar la prevención con sus hijos con los que habla abiertamente, sin tapujos.
Su mensaje para otros hermanos: escuchar con empatía, compasión, mantenerlos integrados y reconocer señales.
El mayor regalo de todas estas experiencias: convertirse en una mujer más consciente y más libre, en una líder que antepone lo humano.
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