Frente a una realidad intensa: el trastorno mental aísla porque muchos se van, Xenia y Jaume nos dan ejemplo de amor incondicional y de una mirada más amplia de la vida.
Xenia habla desde la herida: su hijo vive con patología dual. Miedo, soledad, duelos y una maternidad atravesada por la incertidumbre constante. Jaume no es el padre, pero se queda aunque reconoce que no siempre es fácil.
Ha aprendido que acompañar a su pareja no significa darle soluciones. Es estar presente, aportar calma, distancia y menos juicio.
Él nos cuenta cómo ayuda a Xènia a sentirse menos culpable. “No somos todopoderosos, ni para generar lo malo ni para encontrar soluciones.”
Como pareja, no luchan contra lo que sienten, se escuchan, se sostienen y comparten lo que viven juntos.




