Arosa nos cuenta de forma increíblemente cercana y abierta lo que le sucedió cuando su cerebro explotó en un brote psicótico.
El LSD no fue solo un juego, fue el detonante que rompió la realidad. El mundo se convirtió en una simulación y él, en el único jugador.
Creyó que con sus pensamientos creaban la realidad y que desapegarse borraba personas y vínculos, como si de un videojuego se tratara.
Es fascinante escucharle para entender mejor la psicosis desde dentro. Arosa reivindica la psicosis como ruptura brutal de certezas, no como locura sin sentido.
Explica cómo el cerebro prefiere inventar verdades delirantes antes que habitar el caos absoluto.
Cuenta la libertad extrema y el terror total de vivir sin filtros, sin miedo al juicio.
El mayor regalo de su experiencia: un autoconocimiento radical y una apertura brutal al misterio de existir.




