Marta vivió en primera persona algo que nunca imaginó: una crisis psicótica con depresión aguda.
Todo empezó de forma lenta, casi silenciosa.
Sus pensamientos se descontrolaban, se obsesionaba con cualquier detalle absurdo, no dormía, no comía y la angustia crecía sin freno. Hasta que un día se desmayó y acabó en urgencias psiquiátricas.
Durante meses estuvo aislada y completamente fuera de juego.
Con tiempo, medicación y una terapia constante, empezó a despertar. Volvió a caminar, volvió a la danza, volvió a la vida.
Y descubrió algo clave: el diagnóstico no la define. Puede volver a ocurrir, pero ahora tiene herramientas y una red que la sostiene.
Su mensaje para familias y amigos es directo: conectar con el miedo y con el sufrimiento, desde aquí se puede ayudar.
Y para quien lo vive: pedir ayuda, dejarse acompañar y entender que conocerse a una misma no es un lujo, es la manera de seguir viviendo.
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