Cuando atraviesas un trastorno mental, hablar puede sentirse a veces imposible.
El miedo, la confusión o el bloqueo emocional, dificultan enormemente poder ponerle palabras a todo lo que nos sucede.
Ahí es donde la arteterapia abre un camino. Marina Catalá, con más de 15 años de experiencia, explica cómo el proceso creativo permite expresar lo que la mente no consigue.
En arteterapia no importa el talento ni el resultado: importa lo que ocurre mientras creas. Para quienes están en crisis, la obra se convierte en un puente seguro —un “tercer elemento”— que permite volcar dolor, miedo o angustia sin quedar atrapado en ellos.
El arte dice lo que la boca calla.
En adolescentes, esta vía es especialmente valiosa: cuando hablar cuesta o incomoda, la acción y las imágenes revelan lo que no se nombra.
Y en familias, crear juntos, abre un espacio sin juicios donde la comunicación fluye sin necesidad de forzar conversaciones que duelen.
Marina lo resume con claridad: la arteterapia es un refugio y, al mismo tiempo, un motor de cambio. Un lugar donde lo interno encuentra forma, donde el cuerpo puede expresarse, aunque la mente aún no encuentre las palabras.




